GINCANA FLUVIAL.
Los almendros ya están en flor ( ¿O eran ciruelos? jajaja)
Acudieron puntuales los convocados mientras despuntaba el alba, el invierno termina y el día alarga.
Raudos emprendimos la marcha, ágiles y felices. La jornada prometía.
Hicimos parada para desayunar en el Bar el Trujal en Villanueva de Huerva, donde dimos cuenta de unos humeantes cafés que reconfortaron al personal con el pasado y preparándoles para el futuro... jajaja
La jornada empezaba con baja temperatura, así que comenzamos a caminar con brío; pero pronto la belleza que nos circundaba hizo que la paradas se repitieran, ya fuera para observar las siluetas que iba dibujando la luz del sol sobre los montes cercanos, ya fuera para leer algún cartel que anunciaba sucesos truculentos del pasado bélico en la zona, ya fuera para tomar instantáneas para el recuerdo...
(Lo siento Teresa, esas gafas se las pongo a los que salen con los ojos cerrados en una buena foto) jajaja
Enseguida la apacibilidad del valle se convirtió en una suerte de Gincana fluvial sin fin, de cruza que te cruza el Huerva por lugares donde nadie habría sospechado que un río se dejara vadear. ¡¡¡Qué derroche de adrenalina...!!!
Pero..., lo mejor es que lo veas con tus propios ojos :
Dicen que la felicidad es la ausencia de miedo..., no sé no sé... jajaja
La excursión estaba preparada para hacer más kilómetros pero hubo que acortarla ya que lo crecido que iba el río hizo que se avanzara más lento de lo acostumbrado y la idea era comer en Zaragoza.
Claro que eso no impidió que nos alcanzara el tiempo para tomar un vermute en el único y exclusivo (tuvimos que pedir permiso) bar de Aguilón. ¡Qué gente más amable y acogedora!
Y ¡Qué ricos los pinchitos de queso!














